Felices los que oran sin prisas, sin método, como si conversaran con su mejor amigo.
Felices quienes descubren al atardecer de cada día qué es lo necesario y lo superfluo de su existencia.
Felices quienes se detienen en el sendero de la vida, miran a su alrededor con serenidad y continúan caminando.
Felices quienes tejen con paciencia y firmeza a su alrededor redes de solidaridad.
Felices quienes intentan descubrir en los demás lo positivo que tienen y disculpan sus errores.
Felices quienes mantienen una búsqueda permanente del misterio en lo profundo de su corazón y en los demás.
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