miércoles, 27 de marzo de 2013

EL PESO DE TU CRUZ


Un joven ya no daba más con sus problemas. Cayó de rodillas y suplicó: "Señor, ...no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada".

El Señor -como siempre- acudió y le dijo: "Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esta habitación y luego abre esa otra puerta y allí escoge la cruz que tú quieras".
 
El joven suspiró aliviado, agradeció a Dios y se dispuso a hacer lo que le había indicado.

Al entrar en la habitación donde debía elegir su cruz vio muchísimas distintas. Algunas de ellas eran tan grandes que ni siquiera se podía ver su parte superior. Luego de recorrer un poco el cuarto vio una pequeña apoyado en un extremo de la pared.

"Señor", susurró, "quisiera esa que está en el rincón" y el Señor le dijo dulcemente: "Hijo, esa es la cruz que acabas de dejar".

Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre es útil mirar a nuestro alrededor y ver las cosas a las que se enfrentan los demás. Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te imaginas.

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