lunes, 29 de abril de 2013

UN AGRICULTOR LLAMADO FLEMING



Un pequeño agricultor inglés llamado Fleming oyó un día a alguien que pedía auxilio desde un pantano. Dejó sus herramientas y corrió hacia el pantano. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvo al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.

El próximo día, un carruaje muy pomposo llegó hasta los campos del agricultor inglés. Un noble inglés, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a si mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.

"Yo quiero recompensarlo" dijo el noble inglés. "Usted salvo la vida de mi hijo."

"No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice," respondió el agricultor inglés, rechazando la oferta. En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia. "¿Es ese su hijo?" preguntó el noble inglés.

"Si," respondió el agricultor lleno de orgullo.

"Le voy a proponer un trato. Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si él es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso." El agricultor aceptó.

Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó de la Escuela de Medicina de St. Mary's Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.

 



 





 

domingo, 14 de abril de 2013

EL AMOR LO CAMBIA TODO



La vida sin amor no vale nada. 

La inteligencia sin amor te hace cruel.

La Fe sin amor te hace fanático.

La agudeza sin amor te hace agresivo.

La amistad sin amor te hace interesado.

El poseer sin amor te hace avaricioso.

La responsabilidad sin amor te hace implacable.

La ambición sin amor te hace injusto.

El deber sin amor te hace malhumorado.

lunes, 8 de abril de 2013

CÓMO COMUNICARSE CON LOS JÓVENES CON ÉXITO


Extracto de una conferencia de F. Ramón- Cortés(BBDO)

Hablar no siempre es comunicar. Comunicar es llegar al sentimiento.

Los jóvenes actuales tienen una dificultad:

Les cuesta fijar la atención y esto tiene una explicación: podemos pensar 450  palabras por minuto y hablamos a 150 palabras por minuto. Así que tienen una gran parte de tiempo libre para evadirse y les cuesta mucho volver.

Es fundamental llamar su interés desde el principio. Para ello hay varias reglas:

1. Contar una anécdota: a través de un ejemplo, de una vivencia, les llegan mucho más que las palabras. Una narración fija el recuerdo, y una historia tiene un plus de atención porque somos curiosos y nos gusta saber el desenlace. Antonio de Mello dice que la distancia más corta entre el hombre y la verdad es un cuento.

2. El lenguaje: debe ser lo más sencillo posible. Nos tenemos que adaptar a su lenguaje. Si utilizamos un lenguaje académico nos distancia, es señal de inseguridad. Si es muy técnico, como nadie lo entiende, no se atreven a hacer preguntas. Ayudarse al máximo con la visualización porque llega antes a los sentimientos. Lo importante no es lo que uno tiene intención de decir sino lo que ellos captan.

3. Es muy importante tener un único mensaje para dar. Hemos de pensar qué queremos que les quede después de una sesión. Va muy bien antes de hablar, escribir en una sola frase el mensaje principal. esto tiene dos ventajas: ayudará a que no nos enrollemos y resaltará lo que realmente nos importa que quede.

4. Comunicamos lo que sentimos y nada más que lo que sentimos. Cuando existe una discrepancia entre el lenguaje verbal y el no verbal, prevalece el no verbal.

5. La actitud: intentar convencer, no convence. Lo que convence es estar convencido.

El buen comunicador más que explicar hace sentir.

 
"Diálogo entre un ingeniero y un directivo":
Un Señor va en coche y se da cuenta que se ha perdido y pregunta a otro señor en la calle:
-Perdone, ¿podría ayudarme?, he quedado con un amigo a las dos, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro.
-Claro que sí-le contesta- Se encuentra usted en un coche a unos 7 km de la ciudad y aproximadamente a 40º de latitud norte y 60º de longitud oeste.
-¿Usted debe ser ingeniero, verdad? -dice el del coche.
-Sí señor, ¿cómo lo ha adivinado?
- Muy sencillo. Porque todo lo que me ha dicho es técnicamente correcto, pero prácticamente inútil. Continúo perdido, llegaré tarde y no sé para qué me sirve su información.
-¿Es usted directivo, verdad?
- En efecto responde orgulloso el del coche. ¿Cómo lo ha sabido?
-Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir, espera que otro le resuelva el problema y me hace a mí responsable de la situación.



 


viernes, 5 de abril de 2013

TÚ DICES, DIOS DICE




Tú dices: ¡No es posible!

Dios dice: ¡Todo es posible! (Luc 18,27)

Tú dices: ¡Qué cansancio!

Dios dice: Te haré descansar (Mt 11, 28-30)

Tú dices: ¡No puedo seguir!

Dios dice: Te basta mi gracia (2 Co 12,9)

Tú dices: No se puede resolver

Dios dice: Dirijo tus pasos (Pr 3, 5-6)

Tú dices: No se puede hacer

Dios dice: Todo lo puedes hacer (Jb 42,2)

Tú dices: Soy incapaz

Dios dice: Yo soy capaz (2 Cor 9, 8)

Tú dices: No vale la pena

Dios dice: ¡Sí, vale la pena! (Rom 2-8)

Tú dices: No pueden perdonarme

Dios dice: “Yo te perdono” (1 Jn 1-9)

Tú dices: Tengo miedo

Dios dice: No temas (Mc 5, 50)

Tú dices: ¿La gente me aprecia?

Dios dice: Estaré contigo hasta el fin (Juan 3-16)