Extracto de una conferencia
de F. Ramón- Cortés(BBDO)
Hablar no siempre es
comunicar. Comunicar es llegar al sentimiento.
Los jóvenes actuales tienen una
dificultad:
Les
cuesta fijar la atención y esto tiene una explicación: podemos pensar 450 palabras por minuto y hablamos a 150 palabras
por minuto. Así que tienen una gran parte de tiempo libre para evadirse y les
cuesta mucho volver.
Es
fundamental llamar su interés desde el principio. Para ello hay varias reglas:
1. Contar una anécdota: a través de un
ejemplo, de una vivencia, les llegan mucho más que las palabras. Una narración
fija el recuerdo, y una historia tiene un plus de atención porque somos
curiosos y nos gusta saber el desenlace. Antonio de Mello dice que la distancia
más corta entre el hombre y la verdad es un cuento.
2. El lenguaje: debe ser lo más sencillo
posible. Nos tenemos que adaptar a su lenguaje. Si utilizamos un lenguaje
académico nos distancia, es señal de inseguridad. Si es muy técnico, como nadie
lo entiende, no se atreven a hacer preguntas. Ayudarse al máximo con la
visualización porque llega antes a los sentimientos. Lo importante no es lo que
uno tiene intención de decir sino lo que ellos captan.
3. Es
muy importante tener un único mensaje
para dar. Hemos de pensar qué queremos que les quede después de una sesión. Va
muy bien antes de hablar, escribir en una sola frase el mensaje principal. esto
tiene dos ventajas: ayudará a que no nos enrollemos y resaltará lo que
realmente nos importa que quede.
4. Comunicamos lo que sentimos y nada más
que lo que sentimos. Cuando existe una discrepancia entre el lenguaje
verbal y el no verbal, prevalece el no verbal.
5. La actitud: intentar convencer, no
convence. Lo que convence es estar convencido.
El buen comunicador más que
explicar hace sentir.
"Diálogo entre un
ingeniero y un directivo":
Un Señor va en coche y se da
cuenta que se ha perdido y pregunta a otro señor en la calle:
-Perdone, ¿podría ayudarme?,
he quedado con un amigo a las dos, llevo media hora de retraso y no sé dónde me
encuentro.
-Claro que sí-le contesta-
Se encuentra usted en un coche a unos 7 km de la ciudad y aproximadamente a 40º
de latitud norte y 60º de longitud oeste.
-¿Usted debe ser ingeniero,
verdad? -dice el del coche.
-Sí señor, ¿cómo lo ha
adivinado?
- Muy sencillo. Porque todo
lo que me ha dicho es técnicamente correcto, pero prácticamente inútil.
Continúo perdido, llegaré tarde y no sé para qué me sirve su información.
-¿Es usted directivo,
verdad?
- En efecto responde
orgulloso el del coche. ¿Cómo lo ha sabido?
-Porque no sabe dónde está
ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir, espera que
otro le resuelva el problema y me hace a mí responsable de la situación.
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