lunes, 20 de julio de 2015

SEMBRAR Y COSECHAR

En un oasis escondido del desierto estaba el viejo Ediam arrodillado al lado de un grupo de palmeras datileras.
Su vecino Hakim, acaudalado mercader, vio a Ediam muy sudado cavando en la arena y le dijo:

- La paz sea contigo, pero ¿qué haces aquí con este calor y esta pala en la mano?
- Siembro Dátiles, y le señaló el palmar.
El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esta tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.
- No, debo terminar la siembra. Luego iremos.
- Dime amigo, ¿cuántos años tienes?
No sé, 60 ó 70, no sé. Lo he olvidado, pero ¿eso  qué importa?
- Mira amigo, los datileros tardan 50 años en crecer y dar frutos. Tú sabes que no cosecharás lo que hoy siembras. Deja esto y ven conmigo.
- Mira Hakim, yo como los dátiles que otro sembró. Yo siembro hoy para que otro puedan comerlos y en recuerdo y agradecimiento por el que los sembró, quiero terminar mi tarea.
- Me has dado una gran lección. Déjame que te pague esta enseñanza y le echó una bolsa con dinero.
- Te agradezco tus monedas amigo. Es verdad, probablemente no llegaré a cosechar lo que estoy sembrando, pero de momento he cosechado una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

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