miércoles, 30 de septiembre de 2015

UN AGUJERO EN LA PARED

Había una vez un niño que tenía muy mal carácter.

Su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera los nervios, tenía que clavar un clavo en una pared determinada de su casa.

El primer día el niño clavó 37 clavos en la pared. Las siguientes semanas fue aprendiendo a controlar sus nervios y el número de clavos clavados diariamente fue disminuyendo gradualmente. Se dio cuenta que era más fácil dominarse que clavar un clavo.

Llegó el día que no tuvo que clavar más clavos.

Se lo dijo a su padre y este le dijo que ahora podía sacar un clavo cada día que no perdiera los nervios.
Fueron pasando los días hasta que el niño le pudo decir a su padre que ya no quedaba ninguno.

El padre lo cogió de la mano y lo llevó a la pared y le dijo: “Lo has hecho muy bien, hijo mío, pero mira todos estos agujeros en la pared. La pared nunca será la misma. Cuando dices las cosas de forma agresiva dejan una cicatriz como ésta. Así que sé cuidadoso con lo que dices…. Y no perderás amigos y relaciones.”


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