La chica, no soportando más
vivir con ella tomó la decisión de envenenarla. Fue a visitar un antiguo amigo
de su padre.
Después de oírla, él tomó un
paquete de hierbas y le dijo:
No deberás usarlas de una
sola vez. Cada dos días pondrás un poco de estas en su comida. Para evitar que
cuando ella muera nadie sospeche de ti, deberás actuar de manera muy amable: no
le discutas y ayúdale a resolver sus problemas.
Ella agradeció al maestro y
regresó rápidamente decidida a llevar a cabo su proyecto de asesinarla. Fueron
pasando las semanas y cada dos días le servía la cómoda especialmente preparada
para ella. Durante el día le obedecía y la trataba como si fuera su propia
madre.
Después de seis meses, la
casa estaba en paz y no se oían discusiones. La joven había controlado su
temperamento y ya no aborrecía a su suegra. Ambas pasaron a tratarse como madre
e hija.
Un día fue nuevamente a ver
al maestro y le dijo: "Por favor, ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi
suegra. No quiero que muera."
El maestro sonrió y señaló
con la cabeza: " No tienes por qué preocuparte. Tu suegra no ha cambiado, la que
cambiaste fuiste tú. Las vitaminas que te di eran vitaminas para mejorar su
salud". El veneno estaba en tu mente.
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