El otoño está impregnado por la luz del ocaso. Es una luz
especial, cálida, suave, calmada: llega y se va apagando lentamente. Cuando se
extingue podemos contemplar el cielo estrellado que antes no veíamos.
¡Cuántas personas o cosas no habíamos visto con nuestra vida activa y ahora con la calma del ocaso hemos descubierto!
Mirando las estrellas hemos reconocido algunas que nos
iluminaron y nos siguen acompañando a lo largo de la vida; personas, consejos,
acciones, ilusiones.
El otoño es una estación rica en contrastes de formas y
colores: hojas caídas, flores marchitas que nos recuerdan problemas y
situaciones difíciles que hemos vivido y a la vez los atardeceres rojizos,
expresión de las ayudas y apoyos
recibidos.
Esta capacidad de observación y actitud de contemplación
nos permite disfrutar del presente con una vitalidad sosegada. En el otoño de
la vida es una ocasión para recordar y revivir las diversas etapas que han
conformado nuestra personalidad y nuestras actuaciones. Podemos sintetizarlas
con los cuatro verbos: aprender a hacer,
hacer, enseñar a hacer, dejar hacer y como la vida, se alarga hemos de
añadir el dejarse hacer, es decir, que otros te ayuden.
Al
disponer de más tiempo libre y como el tiempo es oro, podemos llamar a esta
edad: " la edad de oro".
Estas reflexiones si se leen lentamente con pareja o amigos se pueden enriquecer con sus aportaciones.
Estas reflexiones si se leen lentamente con pareja o amigos se pueden enriquecer con sus aportaciones.
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