jueves, 3 de diciembre de 2015

REFLEXIONES DE OTOÑO

En el otoño de la vida se tiene más tiempo para pensar, gozar, contemplar y estar disponibles para los que nos rodean y participar en actividades sociales y comunitarias.

El otoño está impregnado por la luz del ocaso. Es una luz especial, cálida, suave, calmada: llega y se va apagando lentamente. Cuando se extingue podemos contemplar el cielo estrellado que antes no veíamos.

¡Cuántas personas o cosas no habíamos visto con nuestra vida activa y ahora con la calma del ocaso hemos descubierto!

Mirando las estrellas hemos reconocido algunas que nos iluminaron y nos siguen acompañando a lo largo de la vida; personas, consejos, acciones, ilusiones.

El otoño es una estación rica en contrastes de formas y colores: hojas caídas, flores marchitas que nos recuerdan problemas y situaciones difíciles que hemos vivido y a la vez los atardeceres rojizos, expresión  de las ayudas y apoyos recibidos.

Esta capacidad de observación y actitud de contemplación nos permite disfrutar del presente con una vitalidad sosegada. En el otoño de la vida es una ocasión para recordar y revivir las diversas etapas que han conformado nuestra personalidad y nuestras actuaciones. Podemos sintetizarlas con los cuatro verbos: aprender a hacer, hacer, enseñar a hacer, dejar hacer y como la vida, se alarga hemos de añadir el dejarse hacer, es decir, que otros te ayuden.

Al disponer de más tiempo libre y como el tiempo es oro, podemos llamar a esta edad: " la edad de oro".

Estas reflexiones si se leen lentamente con pareja o amigos se pueden enriquecer con sus aportaciones.

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