jueves, 9 de junio de 2016

RELACIONES ENTRE LAICOS Y CREYENTES


La Laicidad exige separación y mutuo respeto, pero también neutralidad de los poderes públicos ante el fenómeno religioso.

La laicidad positiva implica no sólo respeto y promoción, por parte del Estado, del derecho de libertad religiosa en su dimensión individual, sino también el reconocimiento de las confesiones religiosas.

El laicismo, por el contrario, implica la exclusión de lo religioso de los distintos ámbitos de la sociedad, con la pretensión de que quede relegado al ámbito privado de la conciencia individual.

Me entristece mucho leer u oír expresiones de menosprecio que ridiculizan a personas creyentes que hacen de su vida una entrega desinteresada a los demás, que luchan para que disminuyan las desigualdades y que dan su tiempo y dinero en favor de otros.

La laicidad bien entendida es aceptada por todos como vehículo de integración de las personas, de enriquecimiento mutuo. En el momento actual en el que todo el mundo desea una economía de comunión, es decir, existe una sensibilidad social que nos impulsa a ayudarnos en lo más cotidiano como participar en las comunidades de vecinos o en  ONGs en las que se crea un vínculo de fraternidad y se vive como una unidad independientemente de las creencias que se tiene, no tiene sentido resaltar las diferencias entre nosotros en lugar de aprovechar y conseguir colaboración conjunta de muchos proyectos en beneficio de la comunidad

La laicidad así entendida y practicada nos acerca. El laicismo, en cambio, nos separa. Necesitamos acercarnos, comunicarnos, ayudarnos porque somos personas que vivimos en comunidad.

Por encima de toda diferencia legítima, nos necesitamos.

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