Es una prueba de madurez personal que se aprende ya desde la
infancia y se manifiesta en estos tres aspectos:
1. El paso del “yo”
individualista al “nosotros”: La familia constituye el primer núcleo humano formado por
padres e hijos que facilita la madurez personal y así se pasa del conocimiento
de uno mismo a descubrir la existencia de los otros miembros del núcleo
familiar con iguales derechos y deberes.La convivencia familiar se basa más en los deberes de cada uno sobre los demás que en sus derechos y así percibimos como propios los problemas de los otros miembros y participamos de sus alegrías, planes e ilusiones. Es el sentimiento de corresponsabilidad que se aprende en familia.
2. La segunda
manifestación de la solidaridad es el saber compartir.
La vida familiar ofrece
cantidad de oportunidades para adquirir esa disposición a compartir pues en
ella son comunes el espacio, tiempo, actividades y situaciones. Esta actitud es
fundamental para la vida en común y abre horizontes para futuras actividades de
servicio.La solidaridad se aprende, se practica y se transmite a través de la familia.
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