jueves, 16 de febrero de 2017

LA SOLIDARIDAD

La actitud de solidaridad hacia las personas y el entorno que nos rodea es una de las cualidades más necesarias para la buena convivencia familiar y social.

Es una prueba de madurez personal que se aprende ya desde la infancia y se manifiesta en estos tres aspectos:
1. El paso del “yo” individualista al “nosotros”: La familia constituye el primer núcleo humano formado por padres e hijos que facilita la madurez personal y así se pasa del conocimiento de uno mismo a descubrir la existencia de los otros miembros del núcleo familiar con iguales derechos y deberes.
La convivencia familiar se basa más en los deberes de cada uno sobre los demás que en sus derechos y así percibimos como propios los problemas de los otros miembros y participamos de sus alegrías, planes e ilusiones. Es el sentimiento de corresponsabilidad que se aprende en familia.

2. La segunda manifestación de la solidaridad es el saber compartir.
La vida familiar ofrece cantidad de oportunidades para adquirir esa disposición a compartir pues en ella son comunes el espacio, tiempo, actividades y situaciones. Esta actitud es fundamental para la vida en común y abre horizontes para futuras actividades de servicio.

 3.La extensión del nosotros a otros fuera de nuestro núcleo familiar: la madurez de la personalidad y la corresponsabilidad que se experimenta en la familia nuclear va extendiéndose a los que nos rodean o dependen de nosotros. Esta disposición de servicio hacia terceros nos produce una felicidad interior al comprobar que nuestra presencia es positiva: devuelve sonrisas, aligera sufrimientos, hace renacer esperanzas y da sentido a nuestra vida ya que hemos colaborado a humanizar nuestro mundo más cercano.

La solidaridad se aprende, se practica y se transmite a través de la familia.

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